GENTE QUE VE COSAS

He visto en La Colina besarse a más de una pareja. El muchacho esconde su felicidad tras la gallardía viril del movimiento de labios. Ella también se alegra de que él al fin se decida a besarle lo que siente.
Al lado del Alma Mater, cobijadora y abierta, parece todo posible. Y baja la escalinata el profe Pérez Herrero fumando su tabaco sobre los hombres de Batista. Y bañan a Fidel con un chorro de agua a presión. Y a Trejo le pegan el tiro que lo pondría en los libros. Mella gana los Caribe remando contra los clubes del litoral habanero. Y la bicentenaria vuelve a sonreír.
Amén de las balas, las tonfas, las herraduras erguidas, el Alma Mater mantiene su abrazo inconcluso para los perseguidos. Parapetada siempre tras la dulce autonomía que en los 60’ sería un almíbar acuoso pintado de co-gobierno.
Pero aquella pareja no entiende de eso ahora. Menos cuando se marcha con un beso sofocado la muchachita de Letras, y entonces me acerco a mi amigo. El oasis moreno baja las escalinatas, le lanza un beso, él sonríe con la pena de otros dilemas en el rostro. Me quieren sacar. Lo abrazo, lo escucho.
Me pregunto cómo el destino permitió que coexistieran Platón y las cavernas, el búho y las tiñosas, los dinosaurios y el fuego. Todos en una colina, a veces dándose manos; a veces de espalda, murmurando un conjuro indecible. ¡A cuánta gente salvó del no saber aquel enero bonito! ¡Y cuántos ladrillos verbales escupió la Juventud (con jota mayúscula, sí) contra los raros, los contra, los distintos, los Cristos! Aún el anfiteatro (que nunca fue tal, por cierto) recuerda el crujir de las sillas: ¡Váyanse maricones! La calle Ronda, discreta por los siglos de los siglos, partida en la mitad por la bullanguera San Lázaro murmura del abrazo entre Alberto Sarraín, alumno de psicología, y uno de los marginados, quizá Adolfo Llauradó. La amputación del miembro no se hizo demorar. Pa´ mí que este anda en algo. El rumor fue suficiente.
Dicen que por valentía mi amigo se vuelto un gusano. Ha dicho algo que nunca debió salir de su boca. Al menos eso aconsejan los dos o tres abejorros que se acercan al apestado. Dice que se cansó de escuchar sólo una voz en el aula; que la polémica no pasa de las recitaciones, que el mar siempre es más grande que los peces enfermos en él. Y miro al rostro de mi amigo. Pero es a Wichy a quien veo, o Eduardo Heras León. No sé bien. Me hablan de Michael Foucault, y de esa extraña sintaxis: el mar es para tiburones. Para tiburones y rayas. A los que transmutan colores también las mareas los salvan. Vivos, pero arrastrados. Convictos del fondo marino. Tú sabes que no soy así. Lo sé. ¿Y qué vas a hacer?, le pregunto. Por ahora debo esperar. Dicen que una comisión está evaluando mi caso. Tal vez me boten del aula o me suspendan un año.
No puedo mirarlo. No quiero decirle que mande al carajo a todos, que hizo bien, que no debe sentirse mal por ser un tipo transparente, que a esos lo que les duele es que alguien diga pi cuando ellos dicen pa. Y a los que no les indigna que pueda haber gente valiente, que no repita consignas cuando no se cree en ellas, que otro tenga los huevos para mantenerse firme aunque le cueste una nota o sospechas ulteriores.
Ten calma, y cierra la boca. Mejor es no hacerse notar. Eso es lo que suelto al fin. Mi amigo tan siquiera parece haberme escuchado. Ha clavado la mirada en la columnata monstruosa del rectorado. Puede parecer que algún joven vestido de miliciano, con un rifle bucanero que apenas puede cargar, custodia el paso hacia la Plaza Cadenas. Corren los años 60’ y toda la universidad es un fuerte militar. Los yanquis no podrán tomarla. ¿Y quién la ha tomado hoy? ¿Cómo puede vencer al honesto, un Tartufo espiritual? ¿Por qué se han premiado los grandes simuladores y al franco revolucionario (con cada una de sus letras) se castigó con la zafra, con las fábricas de acero, acomodando libros en bibliotecas oscuras, sometido a comisiones para valorar estancias, calumniado en lo secreto por una hermandad de cobayas?
Mi amigo y yo la miramos. No sé por qué ni hace cuánto. Pero el Alma Mater nos ignora. Y ya el abrazo no es cierto. Salta del metal la interrogante. ¿Y ustedes qué hacen aquí?

Octubre de 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: