GIRÓN EN LA MEMORIA: CORAL PARA LA HISTORIA

HACE YA DOS AñOS VÍCTOR CASAUS ME PEDÍA UNA CRÍTICA A ESE LIBRO PARADIGMÁTICO DE LA LITERATURA TESTIMONIAL QUE ES GIRÓN EN LA MEMORIA.
AHORA VÍCTOR PUBLICA EN SU PERFIL DE FB QUE LO PRESENTAN EN LA FERIA DE ANTOFAGASTA, CHILE. BRAVO!

Girón puede bien entenderse como guiñapo, remiendo, harapo. Algún “mal entendido” lo interpretaría como un vuelco gigante. Pero Girón, en Cuba, huele a pólvora, a gente que corre entre mangle y rugidos de mortero. Es además orgullo, una medalla invisible, parte de la vanidad que esta islita ha ostentado desde que pateó al invasor.
En su momento la hazaña generó noticias, cables, luego entrevistas y documentales. Y entre los tantos relatos de aquellos tres días que sacudieron las oficinas de la CIA, se inserta el del joven periodista y miliciano Víctor Casaus. Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, presentará en esta Feria Internacional del Libro de La Habana 2013, la cuarta edición del volumen Girón en la memoria. En esta ocasión, además, en homenaje al Premio Nacional de Artes Plásticas, Ernesto Fernández, quien fuera el primer fotorreportero en llegar a los combates.
Tras haber merecido la Primera Mención, en 1970, del prestigioso Premio Casa de las Américas, el conjunto de testimonios regresa a los lectores y estudiosos del tema como una evocación del heroísmo inyectado por el triunfo revolucionario en las generaciones de cubanos que protagonizaron el suceso.
El propio jurado de aquel certamen (integrado por Rodolfo Walsh, Raúl Roa y Ricardo Pozas) destacó que Girón en la memoria atestigua la gran victoria obtenida por el pueblo de Cuba contra el imperialismo norteamericano; y consideraba la técnica investigativa y narrativa utilizada como un modelo capaz de fijar pautas en el género testimonial.
Pero más allá de los méritos formales, el texto retrata la intimidad de una época. Las  lecturas que pusieron a aquellos jóvenes más de una vez con las armas en la espalda en La carretera de Volokolamsk o al lado de Los hombres de Panfílov; el heroísmo sincero y anónimo de esos años:
“Coño, ahora sí que me embarqué, (se quejaba un joven miliciano con el fotógrafo Ernesto Fernández) ahora no puedo combatir más: mira cómo tengo la pierna. No, si lo que tienes ahí es una bobería, le dije, mirándole el pie gordo, el calcañal todo volado, la pierna hinchada. Le doy un Super Royal, se lo enciendo y me temblaba la mano. Me temblaba la mano y él decía: Oye, ¿tú crees que cuando llegue me pongan una cosa en el pie y pueda virar para combatir otra vez? Sí, sí, cómo no, le digo.”
Alrededor de una docena de testimoniantes conforman una exquisita coral de remembranzas. Titulares de periódicos, fragmentos de entrevistas, cables de prensa se unen al mosaico hablado que propone Casaus, sin olvidar que el pastiche es un pretexto, una urdimbre perfecta para rehacer el pasado. Pretérito reedificado con total cohesión entre voz y voz.
El claro afán de Víctor por descubrir la gran Historia desde pequeñas historias individuales (una marca que estalló junto al boom latinoamericano, la posmodernidad, el ecumenismo alfabético y otros rollos literarios) acompaña al lector en esta disección de la memoria. Desacralizar al héroe, admirarlo junto a nosotros –nunca desde el contrapicado–, humanizar personajes, transparentar las voces para hallar al ser humano… pilares de la secuencia extraordinaria que el autor nos obsequiara.
A Girón, nos cuentan los testimonios de este libro, fueron niños que se creían cowboys, barbudos con miedo a la muerte, hombres que lloran cuando anuncian la victoria. Pilotos, soldados de infantería, un fotorreportero, testigos anónimos, son parte de esa Cuba erizada de cañones para defender su verdad. Una verdad epocal que en el volumen de Casaus no tiene pérdida alguna por atajos patrioteros o de burda propaganda.
El periodista elige, de entre todos sus archivos, las horas de grabaciones y la memoria propia, las piezas necesarias para armar un relato intimista, tornasolado bajo el prisma de múltiples miradas. Un relato que se aproxima a las sensibilidades, virtudes y efusiones de los testimoniantes, más que a esa historia política, que al decir de Juan Orlando Pérez, resulta (al menos como se enseña en la escuela) tan antiliteraria, aburrida y previsible.
Dinámica, tensa y viva, como bien detectó José Antonio Portuondo, transcurre la narración en los cinco capítulos–días de Girón en la memoria. Sin dudas potenciada por la creatividad de ese otro Víctor que es el cineasta. Walsh no se dejó engañar, y tras la entrega del Casa, siquiera dudó en soltarle al joven autor: “A mí no me jodés: eso es cine”.
Agradeciendo de antemano esta nueva entrega de Ediciones La Memoria, estoy seguro que el lector disfrutará este libro que es cine, narrativa, periodismo e historia (con letra bajita).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: