Z. Tallet en la memoria

CRÓNICA INÉDITA DEL AMIGO, POETA y PERIODISTA FÉLIX CONTRERAS SOBRE ESE MAESTRO DE LA LITERATURA QUE FUE ZACARÍAS TALLET…Disfrútenla

Estudiaba becado en la Escuela de Instructores de Arte (Hotel Comodoro) cuando, un día Félix Pita Rodríguez en su clase de literatura nos habló de poesía coloquial, conversacional, directa y, como ejemplo en Cuba puso La Semilla estéril de José Z. Tallet, teníamos allí una fabulosa biblioteca (hecha con las de las familias de Miramar que abandonaban el país) y, me fui corriendo a buscarlo.
Un valor agregado: el bibliotecario nuestro era el poeta Francisco de Oráa y, la edición, la primera, la que hace Raúl Roa en 1951 cuando dirigía el Departamento de Cultura del Ministerio de Educación con el gobierno de Carlos Prío.
Terminé la carrera, regresé del servicio social y me dije “Tengo que conocer a ese poeta personalmente… pero, ¿estará el poeta Vivo aún?”—como reza un titulo suyo—. Indaga por aquí, indaga por allá y, di con el poeta en el periódico El mundo —Aguila y Virtudes— donde, al final de un gran y largo salón colmado de burós y sillas, sumergido en mil máquinas —Underwood— de escribir y montañas de papel, me lo señala Núñez Olano, “Es aquel del bigotón y cabellera blancos.”
No fue cordial a primera vista, todo lo contrario, esquivo, huidizo y, muy tímido —como lo describe en un poema Roberto Fernández Retamar— pero, me brindó café y ahí aproveché:
—Yo quise conocerlo porque empecé a escribir poesía por “culpa suya” cuando leí su Semilla…
Se mesa la punta del bigote de la comisura derecha en maquinal, reiterada y lenta costumbre… “A ver—me dice—, dígame un poema de la Semilla pero, de memoria”… —“Bueno, Tallet, solo un pedacito porque es muy largo”… “Muy bien, muy bien—, ríe sonoramente y escucha atentamente:

Carlos, mi amigo Carlos,
hoy hace varios años que te has muerto.
Mi corazón se encoge ante la
persistencia de tu recuerdo.
Tú no has muerto del tifus ni de la meningitis,
como dicen los médicos;
tú te has muerto de asco, de imposible o de tedio.

Elegía diferente
La semilla estéril

Desde aquella mañana nuestra amistad fue profunda, cálida, confiada, borrada totalmente la gran diferencia de edades; de este encuentro habló en entrevistas y conferencias.
Hacia 1966 dentro de la colosal efervescencia cultural que vivía el país, se produce su “descubrimiento”, la revaloración de su poesía, todos los jóvenes poetas lo leían con con verdadero deleite y yo, pionero, adviné como en una suerte de guía talleniano, a mis compañeros de El Caimán Barbudo —que fundamos—se los presentaba uno a uno si, en definitiva, éramos los poetas más cercanos a su estilo e, igual, los llevaba a su casa, entonces en San Lázaro y Soledad y, él, maravillado pues, como todo viejo poeta se encantaba de estar entre jóvenes colegas.
Los caimaneros que más intimaron con el autor de Estrofas azules fuimos Helio Orobio y yo que, jueves o viernes, lo visitábamos y la cháchara paraba avanzada la noche, cuando llegaba del trabajo su mujer, Aida Mesa —revista Bohemia—.
Ni que decir cuánto deleite experimentaba cuando íbamos con muchachas jóvenes y bellas, quedaba como en una especie de limbo contemplándolas y, si eran de extremidades gruesas, lo que el cubano tradicional llama “pantorrillas gallegas”, entonces había visible fiesta en sus ojos. Su mujer lo sabía, conocía la clásica admiración de los poetas por las ninfas: “Pepe, hoy no te puedes quejar, te han traído pura maravilla”.
Reíamos todos y su perrita, alborotada, corría como loca por entre los libreros regados por todo el pequeño apartamento, celebrando también el buen gusto de su amo.
Si, José Z. (de Zacarias) Tallet es Vivo aun por buena persona y buen poeta.

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