ESCASEZ EN CUBA: LA LARGA TRADICIÓN (TERCERA PARTE)

Made in USA

Según los conocedores la Guerra Fría dejó de ser en los años 90 del siglo pasado. No obstante, el enfrentamiento más o menos solapado de las ideologías capitalista y comunista continúa dando noticias a los medios de comunicación, generando propaganda y conflictos.
Quizá el último rezago en pie de la lucha Este-Oeste es el muro invisible que rodea a Cuba. El bloqueo/embargo económico, comercial y financiero que el gobierno de John F. Kennedy inició en 1962 (convirtiéndose ya en el más prolongado de la historia). El gobierno norteamericano impedirá desde tan lejana fecha la entrada a Estados Unidos de productos elaborados, en parte o totalmente, con materia prima o elementos de origen cubano, ¡aunque fuese comprado en un tercer país!
La política mantenida durante más de medio siglo contra Cuba ha condicionado el resurgimiento de desigualdades prácticamente erradicadas por la Revolución. El valor de los alimentos, por ejemplo, se cuadruplica a veces por las trabas que el bloqueo impone a las negociaciones con Cuba. Es por esa razón que la devaluada moneda nacional (peso) cada vez responde menos a las necesidades de una población culta, saludable, pero empobrecida material, y en algunos casos, moralmente.
Es harto conocido el pantano económico en que cayó Cuba cuando dejó de lactar del bondadoso seno soviético. La debacle empujó muchachas a la prostitución, reactivó el mercado negro y propuso la ilegalidad como medio de supervivencia. Únicamente así la abuela inválida de la jinetera que a diario recibía fisioterapia completamente gratis comería el pollo que la tienda vendía (y vende) a precios abusivos.
De hecho, el propósito esencial del cerco económico contra Cuba era crear limitaciones y descontento en la población. Desde los años 90 ha sido muy efectivo. En 1960 un informe salido del Departamento de Estado estadounidense señala: «La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (…) no existe una oposición política efectiva (…) el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del descontento y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas».
Aun así, cifras del gobierno norteamericano señalan que entre 2001 y 2006 las exportaciones agrícolas desde Estados Unidos hacia Cuba han crecido. Por supuesto, los informes no cuentan que a la Isla se le imponen sobreprecios y obstáculos tremendos para comerciar con otros estados, y en muchos casos para hacerlo con los propios productores estadounidenses.
No obstante, si algo bueno nos deja el bloqueo es la unidad que ha fomentado en los cubanos (sin importar dónde estén, o cuál sea su opinión política) en torno al tema. Mientras otras posiciones han perdido el poder de convocar de forma unánime el rugido de toda la Isla, cuando se habla de bloqueo la gente condena y maldice.
Y es que sus efectos llegan a casi todos los sectores de nuestra sociedad. La medida extraterritorial impide al niño con talento ingresar a un conservatorio de música, o a un débil visual conseguir una mejor máquina de braille. Los «Patria o Muerte Venceremos», los mercenarios, los incomprendidos que buscan alejarse de los dos extremos, los abuelos, las amas de casa, todos gritan no cuando se habla de bloqueo, porque a todos nos ha golpeado de una manera u otra.
Aunque ha sido condenado más de veinte veces en las Naciones Unidas, se mantiene en pie todavía. Parece que los grandes cobran cara la insolencia.

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