AK-CULTURAL: ESTALINISMO EN LA BIENAL

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La Bienal de Arte Contemporáneo de La Habana ha traído sorpresas. Lo hace en cada edición, aunque casi todas son transitorias y pasan como las estaciones, dejándonos las ganas de que llegue otra vez el sol que nos ha abandonado.

Una sorpresa que apenas ha sonado es la exhaltación del estalinismo criollo en los muros del transitado Paradero de Playa. Cerca de ahí se encuentra el popular Kcho Estudio Romerillo, un área consagrada a la obra del artista de la plástica Alexis Leyva, quien tiene mucho que ver con que la Bienal –tan vedado-habanocéntrica- haya llegado al oeste capitalino.

En uno de los desgastados muros de la terminal de ómnibus, un artista –de quien no es importante saber el nombre- dibujó al mítico comandante Ernesto Guevara, vestido de saco y corbata, en una onda que recuerda los soneros de los años 30. Entre sus manos el Che le saca música a la barriga de una guitarra cuyo brazo es el final de una AK-M, un arma que constituyó símbolo del poder de la URSS y la lucha de la izquierda global contra los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Junto a los aún rodantes Ladas, es el vestigio principal de la Era soviética en Cuba.

La pintura está bordeada en la parte inferior por un ribete revelador: “La cultura es un arma”. La frase, habitualmente finalizada con la aclaratoria “…de la Revolución”, que presenta una visión instrumental del arte, fue la bandera del peor proceso contra la intelectualidad cubana, denominado eufemísticamente Quinquenio Gris.

Que el guerrillero argentino acompañe la sentencia no es fortuito. Si Edith García Buchaca fue el rostro visible del estalinismo cultural en la isla, Mirta Aguirre su temprana ejecutora, Nicolás Guillen el poético admirador, y Félix Pita un íntimo aplicante, el Che fue su principal teórico.

En “El Socialismo y el hombre en Cuba” está el germen de una política cultural que, incluso hoy, parece ser basamento para los decisores. Recordemos que “el pecado original” enunciado por Guevara condicionó marginación, encarcelamientos, y exilios internos y externos en la isla barbuda.

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Tras la Guerrita de los e-mails de 2007 (cuando un grupo de intelectuales dentro y fuera del país escandalizaron la web con revelaciones de la cacería de los 60 y los 70), el gobierno cubano permitió que en espacios académicos y culturales se problematizara sobre aquella época.

Tras el exorcismo privado que marcó un antes y un después en la relación Estado-intelectualidad, parecía imposible que un mural como el que adorna hoy el Paradero de Playa apareciera. Extender la bandera del Quinquenio Gris en un espacio público, en el marco de un evento tan prestigioso, es un acto ofensivo. ¿Habrá que hacer temblar otra vez la red de redes?

 

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