EL HOMBRE QUE AMABA LOS PREMIOS (PRIMERA PARTE)

Habanos.qxpÉl no me conocía más allá del teléfono. Yo lo vi en persona por primera vez el día anterior; cuando la Sala Villena se abarrotó de seguidores y curiosos que buscaban el último libro del escritor cubano más leído en la Isla y el extranjero.

Puntuales nos encontramos a la entrada de la UNEAC. Me adelanté a sus pasos. Los ojos saltones del hombre buscaban al estudiante de periodismo con el que había quedado aquella tarde serena.

Pronuncia mi nombre. Asiento. Extiende el brazo. Saludos, presentaciones, ella es Liliana, tomará fotografías. Mucho gusto. Síganme; vamos a otro lugar; a casa de una amiga para conversar mejor. Antes de alcanzar la calle llegaron nuevos saludos. ¡Padura! ¡Leonardo! ¡Compadre! El escritor da la vuelta. Estrecha manos, corresponde atento a la charla, y finalmente se escabulle para guiarnos al auto.

Leonardo Padura Fuentes es el novelista cubano más publicado en el exterior. También el más vendido. En la Isla es el más buscado. Y fíjense que digo buscado. Porque su obra reciente (quizá la más atractiva) no cuenta con las tiradas amplísimas de otros autores, a pesar del interés de un público que la persigue a ultranza…

La casa de Vivian Lechuga, su editora cubana y amiga de años, nos sirve de refugio para grabar la entrevista. La mujer nos acoge sonriente, y promete una colada de su mejor café. También nos recibe Goya, un cocker spaniel sordo que acude a las manos de Padura como si reconociera en ellas a un amigo.

Un apagón matutino dejó a media luz la casa, y ahora la tarde avanzaba tragándose el resto del sol. Vivian despeja la sala para que conversemos, y sin decir palabra se mete en la cocina. Leonardo se acomoda en un mueble en forma de L; Liliana y yo lo imitamos.

El éxito de Padura comenzó mucho antes de que este siglo naciera. La génesis de su triunfo tiene un nombre que hoy es mito: Mario Conde. Un detective sui géneris que, paralelo a sus casos, desnuda la sociedad con una crítica audaz. La serie de novelas con el investigador al centro fue un home run editorial para la Cuba de entonces. Pero el volcán Padura haría erupción más adelante; tiempo después de otros libros de entrevistas sobre música y deporte. La auténtica polémica arribaría al panorama literario con propuestas con La novela de mi vida, y su trabajo periodístico en la agencia IPS…

La barba nevada se adueña de un breve mentón, de mejillas, hasta quedar conectada con la blancura del pelo a ras del cráneo. Como un abanico se abre una mancha oscura de vellos justo bajo la boca. El rostro abultado adopta una expresión taciturna si responde una pregunta. Busca un punto invisible en el piso hasta que ha terminado de hablar. En cambio, si espera ser interrogado enfrenta a su interlocutor dos ojos prominentes, y el amplio matiz expresivo que sus cejas le permiten. A veces parece que busca en tus palabras algo agazapado, que tratara de ocultarse. Quizá espera le pregunten lo mismo de todos los días; lo mismo en las tres entrevistas que concede por semana.

La crítica que Leonardo hace de circunstancias, pasajes e incluso la historia misma, resulta deleitable. No es un ataque burdo a lo sacralizado; ni una burla despiadada a las desgracias de Cuba; tampoco es la detracción a la esencia de la Patria. Padura juega con elementos prohibidos muy cerca de la hoguera. Mezcla su fino humor con la fórmula de lo silenciado, lo vedado, lo provocativo…todo en la exacta medida, para que la receta no se vuelva veneno…

El caso es que este autor no es del agrado de todos. La crítica duele a los responsables del mal. Quienes conocen su obra figuran en Leonardo a un polemista incansable. Me consta que inspira las más violentas pasiones. Recuerdo cuando un coronel de la reserva confesaba en clases estar loco por desaparecerlo (sin aclarar, por supuesto, a qué se refería). Pero fuera de excepciones, millones de lectores disfrutan y acosan la obra de Padura, que no más publica un libro lo desaparecen del mapa (y saben a qué me refiero).

Leonardo ha sido (junto a Daniel Chavarría) el novelista residente en la Isla más laureado fuera de fronteras en las últimas dos décadas. Pocas veces el nombre de Cuba se ha elevado a planos de tal prestigio literario. En este sentido merece especial alusión su última obra ficcional: El hombre que amaba a los perros. Un volumen que tiene como eje sucesos relacionados con la vida del asesino de Trotsky (un extremista español que pasó sus últimos años en la mayor de las Antillas). El texto ha encontrado la gracia de expertos fuera y dentro del caimán. Ha recibido entre otros lauros el Francesco Guelmi; el Roger Caillois; y el Premio de la Crítica 2011. No obstante, los medios nacionales han permanecido inmutables ante tal avalancha de galardones…

Mira –me alerta con voz gruesa. Aproxima hasta mí tres cuartillas engrapadas, llenas de datos impresos-, estas son la cantidad de referencias que ha hecho la prensa francesa al éxito de El hombre…-se quita los espejuelos- y aquí, en mi país, las personas se enteran de estos acontecimientos por publicaciones extranjeras.

Leonardo no se confiesa amante de los premios, al menos no de esos que tradicionalmente nos indica la palabra. Prefiere los premios verdaderos, como es, por ejemplo, la estima del lector. Un lauro más permanente que el de las instituciones…

El propio pueblo cubano -con su instinto fabulador- ha creado toda una mística entorno a la novela. Se dice que en la última Feria del Libro (2011) no se vendió la cantidad de ejemplares prometida, y que un buen número de copias siquiera llegó a las estanterías. Simplemente se esfumaron. Los más osados apuestan a que fueron robados. Bastante se ha dicho, además, de la modesta tirada que el sello Unión hizo a El hombre… En medio de ese ambiente enrarecido se han pronunciado los rumores más variados: recursos, política, derechos de exclusividad…El inventario de causas posibles es variopinto, pero el más mínimo soplo lo cierra a la certeza, porque en verdad, hasta hoy, Padura no ha hablado del tema.

La modesta tirada que Ediciones Unión hizo de El hombre que amaba a los perros ha gestado los más disímiles comentarios. Se ha rumoreado que median motivos de carácter económico o político. No hace mucho alguien me explicaba que un sello español tiene derechos de exclusividad sobre la reproducción de la obra… En fin, ¿quién tiene la razón?

Te cuento cómo es la historia. Desde el año 1996 he hecho contrato para cada una de mis novelas con una editorial de España: Tusques. Cuando en ese año gané el premio Café Gijón, ellos leyeron la novela Máscaras, les gustó, y por eso sale publicada en 1997 por esta editorial.

Después de Máscaras vino Paisaje de otoño, recuperaron Pasado perfecto y Vientos de Cuaresma (que ya estaban publicados en Cuba y México), y luego fueron saliendo La novela de mi vida, Adiós Hemingway, La neblina del ayer. Y ahora han publicado una edición de La cola de la serpiente (aquel relato que venía con Adiós Hemingway en la edición cubana), y en 2009, El hombre que amaba a los perros.

Desde que comenzó esta relación editorial Tusques le da un permiso a Ediciones Unión para que haga una tirada, que es vendida en moneda nacional para los lectores cubanos. En ocasiones a Tusques se le ha pedido permiso, incluso, para hacer una redición de algunas de mis novelas y siempre ha dicho que sí. Al igual que ha dicho que sí a la cantidad de ejemplares que la editorial cubana pida. Para la edición de El hombre… Unión pidió tres mil ejemplares porque era el papel que tenía para poder publicar, y Tusques dio permiso para tres mil libros. Si le hubieran pedido cuatro mil o cinco mil igualmente se le hubiera dado. A pesar de que muchos de esos libros impresos aquí salen del país por varias vías.

Se dice que durante la Feria del Libro 2011 no fue vendida la cantidad de ejemplares prometida, y que un buen número de copias no llegó a las estanterías. Que simplemente desaparecieron. Los más osados apuestan a que fueron robados. ¿Está enterado de estos rumores? ¿Puede sacarnos de este ambiente enrarecido?

No, porque yo no he podido salir de él.

Desconozco realmente qué cantidad de ejemplares se vendió, si en verdad hubo esos cuatroscientos libros que se perdieron misteriosamente del almacén. No sé nada.

Estoy al tanto de que han habido ejemplares que se han vendido a diez, quince, veinte CUC, por vendedores de libros viejos, y gente que se dedican a eso; que en Revolico.com ha estado el libro en venta…

¡En Revolico!…

Sí. Pero los detalles de lo que ocurrió, realmente, no los conozco, tampoco me he preocupado demasiado por investigarlo, tengo que investigar otras cosas que son mucho más interesantes para mi, y esto…bueno, no sé exactamente lo que ocurrió.

Los cubanos que no alcanzamos a comprar El hombre… en la pasada Feria del Libro, ¿podemos guardar la esperanza de una reimpresión?

Debe haber una reedición, porque por lo general, los libros que ganan el Premio de la Crítica son reeditados. Y espero que ya Ediciones Unión le haya pedido permiso a Tusques, porque lo que supe es que varios meses después de que se había hablado esa posibilidad, aún no le había escrito a Tusques.

En fin, todo depende de la cantidad de material que Unión quiera poner para una reedición.

Ya se adelantaba en algo de lo que quería hablar, y es que este 2011 mereció el Premio de la Crítica y su obra tuvo una acogida extraordinaria en la Isla. Especialistas y lectores han elogiado su estilo ¿Esperaba tal éxito?

Lo de los premios es muy aleatorio. Puede ser que un libro como La novela de mi vida, la que yo considero mi mejor novela -porque es donde hay un mayor equilibrio entre la proposición literaria y lo que consigo literariamente-, no haya tenido el mismo éxito. En cambio, creo que El hombre… ha encontrado una comunicación especial no sólo con los lectores de Cuba y fuera de Cuba, sino también con determinadas instituciones.

El primero de los premios que ganó fue el de los libreros independientes franceses. Después ganó el Francesco Guelmi, que se le concede a la mejor novela histórica publicada en Italia. El Roger Callois, y el Prix Calbert que se da para escritores del Caribe; y además, fue seleccionada la mejor novela histórica del año, en Francia.

La obra ha obtenido premios que me satisfacen mucho y no los esperaba. Y que creo ayudan mucho a la difusión de la novela y a una presencia mayor del volumen no solamente en los medios, sino también en las librerías. Porque, como se sabe, a la semana en países de Europa y en Estados Unidos los libros envejecen, todo muy de prisa, y este tipo de cosas permiten que El hombre… permanezca mucho más tiempo en circulación.

Como decía, en abril de 2011 El hombre… mereció el Premio Francesco Guelmi di Caporiacco, adjudicándose el primer escaño en Novela Histórica por encima de 32 obras en competencia. Cuando escribía la obra, ¿hasta qué punto pensaba darle un enfoque historicista?

No creo que tenga un enfoque historicista. Es que no me interesa escribir novela histórica para contar una época. Me interesa mirar la historia para entender el presente. Por eso tanto en La novela de mi vida, como en El hombre…, o en La neblina del ayer, las historias en el pasado siempre tienen unas consecuencias en el presente. La historia es una continuidad de acontecimientos con causas y consecuencias, que van conformando un proceso que en algún punto nos toca la espalda. Ese es el presente. Y entenderlo me parece tan importante como estudiar lo ya acontecido. Voy en busca de determinadas claves del pasado para expresar un entendimiento del presente. Por eso no creo que escriba novelas propiamente históricas.

Hace poco una importante intelectual cubana recordaba sabiamente que nuestro Martí no había recibido más premio que una medallita escolar por una buena composición. Teniendo en cuenta esta gran ironía histórica, ¿cuánto cree que las premiaciones legitiman a un escritor?

La capacidad de legitimización de un premio, depende de su propio prestigio. Como se sabe, hay galardones –en España pasa mucho- que entregan sellos editoriales, premios millonarios, concedidos bajo determinados condicionamientos. Generalmente se les dan a autores de la casa editorial, a autores que quieren sumar, o a un libro que prometa un buen negocio. Hay otros premios que son menos jugosos económicamente, pero tienen un prestigio mucho mayor. Es el caso del Roger Caillois. Y eso se ve sólo con detenerse en la lista de galardonados tan notorios: algunos de los autores indiscutibles de la lengua.

El premio es uno de los mecanismos para legitimar una obra; el mercado es otro recurso, aunque no siempre dice la verdad.

Me contabas lo de la medallita de Martí, y te puedo recordar que el pintor más cotizado en el mercado en algunos momentos ha sido Van Gogh, y en vida no vendió una sola pintura, y no por eso deja de ser un maestro.

Es decir, a veces los reconocimientos y el mercado no acompañan una buena obra. También qué ocurre: en los últimos treinta, cuarenta años, el sistema de estímulos literarios ha crecido muchísimo. Y al ocurrir esto, su carácter legitimador se ha distendido. Afortunadamente algunos premios todavía conservan la honestidad, como hay otros que uno ya sabe quién lo va a ganar y las razones por las cuáles lo gana.

Este noviembre asaltó a no pocos medios internacionales con el titular de que por primera vez un cubano se alzaba con el prestigioso galardón literario Roger Caillois. ¿Qué significa para usted incluirse en una lista donde ya leíamos nombres como Carlos Fuentes, Adolfo Bioy Casares, entre otros grandes de Latinoamérica?

Creo que lo más importante del premio es eso. La dotación económica es simbólica. Es un lauro que hacia el interior de Francia no es tan importante como hacia el exterior (América Latina, fundamentalmente). Y sobre todo es un premio que lo han ganado algunos de los autores más grandes todavía vivos y actuantes durante los últimos veinte años.

Nunca se le había conferido a un cubano (a los que viven fuera o dentro de Cuba). Me lo otorgan por el conjunto de mi obra, y muy impulsado por lo que ha sucedido con El hombre… Resulta curioso que la repercusión de este suceso haya sido mucho mayor en otros países (como España, México, Argentina, Chile) que aquí mismo. A veces me pregunto qué razones deben existir para que no se valore adecuadamente el hecho de que un escritor cubano –con independencia que se llame Leonardo Padura- gane un premio de este tipo.

Creo que para la cultura cubana es un reconocimiento muy importante, después de varios años en los que no ha aparecido ningún escritor del patio entre los más promovidos de la lengua. Y sin embargo, hacia el interior ha existido esta sequía de información respecto al tema. Yo recuerdo, en otras ocasiones (cuando trabajé como periodista en el Caimán Barbudo, La Gaceta y Juventud Rebelde) que un acontecimiento así, hubiera significado en La Gaceta, por ejemplo, dedicar un dossier al autor, dedicar un número de la revista Unión, no sé, algo que desde las redacciones culturales diera a entender la magnitud de este suceso para la literatura nacional.

No sé cuáles puedan ser las razones. Pueden ser desde carácter político hasta de carácter personal. Puede haber una gama muy variada de motivaciones para que esto ocurra, incluida la mezquindad. Pero el hecho es que ocurre, y me parece lamentable, porque muchas veces se habla de la insuficiente promoción de la literatura cubana, de la dificultad de la literatura cubana de llenar espacios editoriales fuera del país; y cuando esto se revierte, pues no hay reconocimiento alguno.

Sin embargo, de pronto te enteras que un músico hizo un concierto en la casa de cultura de la tercera ciudad más importante de Dinamarca, y sale un cuarto de página en el periódico, se comenta en la televisión. Y eso crea una desproporción en cuanto a la posibilidad de valoración real de determinados acontecimientos que tienen mucho que ver con lo que está ocurriendo en Cuba hoy en las diferentes manifestaciones artísticas.

El pollo del arroz con pollo, está en lo siguiente: mientras hay poco reconocimiento institucional, yo me siento muy, pero muy realizado con la relación que he desarrollado con los lectores cubanos. Una novela con El hombre… fue muy difícil de escribir, porque es una obra en la cual tuve que pensar en dos lectores: uno cubano y uno no cubano. Esto, debido a la capacidad de acceder a información que hemos tenido casi todos en Cuba. No de que alguien la tengan (puede que una persona u otra tenga información), sino a la capacidad de acceder a información por parte de estos dos lectores potenciales.

Por ejemplo, un lector extranjero puede ponerse rápidamente al día en lo que fue la vida de Trotsky, los Procesos de Moscú, los últimos textos sobre la República Española y la presencia soviética en la Guerra Civil. Pero un lector cubano, no. Por lo tanto, mientras me llenaba de información para escribir, y después, cuando escribía tuve muy en cuenta que debía complacer y llenar las expectativas literarias de ambos lectores; y que además, tenía que colmar las expectativas informativas del cubano. Y eso es muy complicado en la narrativa, porque la novela no está para explicar. La narrativa muestra, sugiere, dibuja una realidad; pero no es un ensayo para exponer un concepto, por ejemplo.

La respuesta que he tenido del lector nacional (desde mucho antes que fuera publicada El hombre…) constituye el reconocimiento más grande al que puede aspirar un escritor.

ESTE ENTREVISTA FUE PUBLICADA ORIGINALMENTE EN LA WEB DE LA UNEAC, EN 2012.

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