Palomas

A veces a tus palomas

quisiera dar de comer

el ave oscura de mi boca.

 

El pico y las alas se agitan

con un temprano aleteo,

lejano, que advierte el rondar

de mis dedos.

 

A veces tus palomas

se posan en mis hombros.

Deslizan sus plumas para despertar,

y aguardan que un suave bostezo

las devore y las deshaga de penurias

y

vergüenzas.

 

De espalda a tus palomas

sé que el mundo nace

aprende a ser inasible

y

deseable.

 

El sueño peligroso después de tus palomas

es secuela del volcán.

 

Descansan en mi casa, o en tu casa,

o en las turbias oficinas,

y en cuanto despierto

todo vuelve a comenzar

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