GUANTÁNAMO: LA HISTORIA CITADINA CONTADA POR UN PARQUE

Si hay un lugar que narre mejor la vida de las ciudades ese es el parque. En Cuba por lo menos los colonizadores no demoraban mucho en aplanar un buen sitio, levantar alrededor la iglesia y otros edificios importantes. Celebraban su nueva vida y le cantaban al incierto futuro. Hay hábitos que acompañan a los pueblos por centurias. La gente se apropiaba del lugar en días.

El José Martí, en la Ciudad de Guantánamo, es un muestrario humano consumado. En algún momento de la historia reciente surgió el Proyecto Boulevard, y las calles al sur y al norte del parque se hicieron transitables. Entonces el parque se expandió. La sur se llenó de tiendas, y centros recreativos, entre ellos la Casa de la Trova. La norte se dedicó a los niños: la ludoteca infantil Ismaelillo, y la reproducción de La Fama –la figura representativa de la urbe- con personajes de La Edad de Oro cuenta entre lo más llamativo.

Por la mañana el parque pertenece habitualmente a los más pequeños. Patines, bicicletas y pies se apresuran de un sitio a otro. Los ancianos se acantonan a la sombra en una esquina próxima a la oficina de Correos: buscan el periódico tempranito, y mientras lo venden a lo largo del día se unen a animadas peroratas.

Por la noche el parque es otro. Cerca de la estatua a José Martí se sientan trovadores, frikis, gente alternativa. En una esquina contigua las parejas resguardan sus besos tras la nocturnidad. La franja sur, junto al cercano café Indiana es, según vox populi, reservada para gays.

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En todo Guantánamo no existe Oficina del Historiador. El día que alguien decida instituirla creo que un buen candidato para ocuparla sería Adriel Bosch. A sus 27 años es un apasionado de la historia local. Periodista, bloguero, gestor cultual desde el extremo oriente cubano. Cuando asumió hace un año la vicedirección del semanario provincial Venceremos se incluyó entre los directivos de medios más jóvenes del país. Es parte de esa renovación generacional necesaria e indetenible.

Adriel sabe que el parque principal de la ciudad es una pieza importante en la historia guantanamera. El sitio nació gracias a la bonohomía de un patricio local, el gobernador Lorenzo Hai, quien donó lo que fuera un solar yermo de su propiedad para que se convirtiera en Plaza de Armas.

La iglesia que custodia al lugar se construyó en 1863, y fue restaurada en 1960. Originalmente la parroquia Santa Catalina de Riccis tenía un nivel menos de los cuatro que exhibe hoy. La cúpula que corona la edificación se le incorporó durante la Primera República. No obstante esas añadiduras, les tres naves que la componen no han sido modificadas desde su surgimiento.

En 1998, durante la histórica visita del Papa Juan Pablo II a la isla, la historia de ese edificio cambiaría drásticamente sin que una piedra cambiara su lugar. Hasta Santiago de Cuba llegó el jefe de Estado vaticano. En reuniones con religiosos criollos, salió a relucir una peculiaridad: Guantánamo era la única provincia cubana que no contaba con una catedral.

El clérigo, desde Santiago, declaró a este edificio como la correspondiente del obispado Guantánamo-Baracoa. Puro trámite legal. (En otra santa visita, años más tarde, Benedicto XVI declaró al templo de la ciudad primada de Cuba Basílica Menor. Fiftyfifty). El templo dedicado a Santa Catalina de Riccis se convirtió así en la catedral más pequeña de América Latina.

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El parque fungía en las noches calurosas de inicios del siglo XX el sitio preferido por la juventud citadina. Los fines de semana las jovencitas desandaban lentamente, con sus mejores vestidos, el centro ovalado, exhibiéndose ante los muchachos. Cuando el amor era paciente, el parque fungía como un todo en uno: te conozco aquí luego romanceamos en uno de los bancos, y con suerte en unos meses nos casamos en la parroquia. La utilidad social era invaluable.

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La estatua del Mayor General Pedro Agustín Pérez preside el lugar. La familia a la que perteneció el patricio independentista es quizá de las más significativas de la historia cubana. La finca Santa Catalina, donde nació la ciudad de Guantánamo, era propiedad de los Pérez.

Antes de convertirse en un alto mando del Ejército Libertador, Pedro Agustín formó parte del español. Renunciar a ello era sinónimo de traicionar a su familia; renunciar a ello fue para él negarse a participar de la crueldad de los colonialistas. Desde su finca La Confianza (a cuatro kilómetros del núcleo urbano) se efectuó uno de los seis levantamientos del Alto Oriente cubano el 24 de febrero de 1895, cuando se reinició la definitiva guerra separatista.

El Mayor General había logrado tal unidad de las fuerzas revolucionarias en la zona, que los grandes líderes del mambisado deciden desembarcar por costas surorientales. Los hermanos José y Antonio Maceo junto a Flor Crombet lo hacen por Duaba; Máximo Gómez y Martí, por los farallones de Cajobabo.

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A un lado de la iglesia, en una de las cuatro esquinas, una estatua de José Martí vigila, sentada, el juego de los niños. A finales de la década pasada un muro cercaba la figura del líder independentista y no se podía apreciar desde todos sus ángulos. «La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla». Entre seis palmas reales –que representan las antiguas provincias de Cuba-, el Apóstol marca un libro y nos mira con ojos vacíos. «De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos». El césped frente al monumento trata de simular infructuosamente una bandera: la sequía por la que atraviesa la región le ha dejado una estampa descuidada, de guerra perdida. «Hombre es quien estudia las raíces de las cosas. Lo otro es rebaño». Donada por los masones citadinos, en el centenario del Héroe Nacional, está rodeada por frases que hacen más vívido el mármol desgastado con los años. «De vez en cuando es necesario sacudir el mundo para que lo podrido caiga».

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Al otro lado de la catedral una ceiba joven recuerda la fecha cuando Cuba se convirtió en República, en 1902, luego de un período de ocupación norteamericana. La ciudad fue por décadas el centro de ocio de los marines destacados en la Base Naval de Guantánamo, un enclave militar que el gobierno cubano identifica como parte esencial del diferendo entre ambos países.

Las ceibas anteriores, que se fueron por termitas y temporales, conocían de primera mano los bares y prostíbulos del centro cuando se llenaban de uniformados.

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En los años 40 el modernismo irrumpe en la arquitectura de la urbe. El espacio comienza a cambiar: entuban un arroyo, y destruyen el ecléctico cine Fausto para renombrarlo Luque. No obstante, rehacer la glorieta del parque fue de lo más traumático en la época.

A pocos les gustó la idea de demoler una construcción tan peculiar como aquella, de dos pisos, y rehacerla en forma de concha abstracta. Por si fuera poco: el escudo del ayuntamiento quedó en la parte trasera, invisibilizado, custodiando los baños subterráneos.

Todavía hoy las retretas de la banda de concierto convocan a los ciudadanos todos los domingos a las siete de la tarde. Y ya a los arquitectos, historiadores y el guantanamero común se le ha pasado el berrinche por el invento modernista. De hecho, se ha convertido en un elemento identitario, al punto que este es el único parque principal de Cuba que en vez de glorieta tiene concha. A algunos les pesa que la fuente a los pies del estrado no esté funcionando ahora gracias a la sequía.

UNA VERSIÓN DE ESTE TEXTO FUE PUBLICADA EN LA REVISTA ON CUBA

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Un comentario

  1. Reblogueó esto en Desde este lado de la Islay comentado:
    Buen post. Gracias por tus palabras y por la futura nominación, jejeje, y por aquí te esperamos en una nueva visita. Saludos hermano.

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