Una herejía de nubes: Ciro y Martí

Yo soy un hombre sincero

De donde crece la palma

Y antes de morirme quiero

Echar mis versos del alma

                                     José Martí (Versos sencillos, fragmento)

Al cadáver le faltaba un testículo. Más no había duda alguna: aquel cuerpo tendido sobre una mesa en Remanganaguas era el de José Martí.
Viajarían los restos del Delegado hasta la ciudad de Santiago en un ataúd de ocho pesos, que algún carpintero anónimo armó por orden de España. Quizá sin saber que su obra, literalmente, «cautivó» al escritor más brill

ante que ha dado la lengua española.
Poco antes el cuerpo apagado del Maestro había sido maltrecho de disímiles maneras. Despojado de toda su vestimenta, excepto los pantalones, la misma tierra que defendía lo cubrió por primera vez junto a un soldado español caído en Dos Ríos también. Martí con los ojos pardos sin alma sobre el camino viajó encima de un potranco hasta su primer entierro.

Tres balas españolas agujerearon el cuerpo del Apóstol, quemaron la piel de José Julián… Un muslo, el pecho, el cuello: los pasos, el ánimo, la voz. Casi como si el tirador, supiera quién era ese hombre que tanto marchó por su Isla, que tanto sintió por su Isla, que tanto dijo por ella.
De eso y más ha contado el reconocido autor Ciro Bianchi Ross; quien es quizá el periodista más leído hoy en Cuba. Sus crónicas dominicales acaparan la atención de los lectores del diario Juventud Rebelde desde hace ya varios años. El propio periódico lo ha propuesto en múltiples ocasiones como candidato al Premio Nacional de Periodismo. Por ahora, Ciro se conforma con la popularidad, y los premios Fernández de Castro (de prensa cultural) y el Latinoamericano de Periodismo que entrega la agencia Prensa Latina.
Sin embargo, incluso para un experimentado periodista como él, tratar la figura de nuestro Héroe Nacional representa un desafío. ¿Cómo hablar de Martí para que el lector lo aprecie despojado de oro y tules? ¿Qué letras ponemos en orden para armar al hombre justo, al hombre-héroe, al hombre con sus mujeres, sus amigos y su ron? ¿De qué callada manera, con las mismas manos de acariciar lo diario, podemos hacer de la historia nuestro cañón de futuro?… ¿Me explico?

ciro-bianchi

Una mina para valientes

«El periodismo histórico está viciado, y a veces es maniqueo –me contó Ciro durante una entrevista-. A mí me fascinan los temas de la República; pero por lo general, lo que se hace sobre esa etapa es aburrido, manido, se dicen y repiten cosas que no han sido debidamente comprobadas -hace un stop, busca algo en la memoria, y en breve retoma sus violentas gesticulaciones-; de esa misma forma ocurre con los temas de nuestras guerras por la independencia».
En más de una ocasión Bianchi ha escrito acerca de los grandes momentos y héroes decimonónicos de la historia cubana. Martí cuenta entre ellos. En febrero y marzo del 2010 el diario Juventud Rebelde publicó tres materiales de Ciro (a modo de serie) sobre la muerte del Apóstol. Un año más tarde los textos fueron compilados bajo el título Cómo murió José Martí en un solo corpus (un gran reportaje), como parte del volumen Narrar a Cuba.
La lectura de esta serie resulta exquisita. No se equivocaba Nara Araujo al considerar que en Bianchi confluyen el olfato de investigador y el oído del narrador. Basta con examinar cualquier párrafo de los textos para confirmar tal aseveración:

«(…) en compañía de [Ángel] De la Guardia [Martí] se lanza al galope contra las líneas españolas hasta colocarse a unos cincuenta metros a la derecha y delante del general en jefe [Máximo Gómez], donde ambos jinetes se convierten en blanco perfecto de la avanzada contraria, oculta en la hierba. Pasan el Delegado y su acompañante entre un dagame seco y un fustete caído y las balas se ceban en el cuerpo del Apóstol, que se desploma».

Y después de narrar con un ritmo y síntesis muy atinado, y para nada en detrimento de la carga informativa, Ciro condensa el suspense en dos interrogantes:

¿Está todavía vivo? ¿Es cierto que un práctico cubano, el Mulato Oliva, lo remata con su tercerola?

Literalmente, deja al lector con la curiosidad en los ojos. Unos ojos intranquilos que buscan en el próximo acápite la promesa inmanente de una respuesta por dar.
Además de las citadas virtudes, es innegable que el autor fue capaz de descubrir la mina de oro, que en materia narrativa, representa la vida de nuestro Héroe Nacional. Una vida para novelar. Riquísima en posibilidades, interpretaciones, misterio, aventura. Novela que aún espera por una herejía de nubes. Lógicamente, una obra que aborde la agitada, sensible y hermosa vida martiana merece también horas de estudio, lecturas, pero sobre todo, mucha valentía intelectual…

Argumentar la herejía (observación # 1)

En Cuba existe un monstruo. Un monstruo invisible con sobrada (y probada) capacidad para suprimir casi cualquier intento por humanizar a nuestro martirologio. Máxime cuando el «blanco» es Martí: síntesis cultural, del pensamiento y la ética más encumbrados. Esa Hidra de siete cabezas tiene por nombre «Propaganda». Cobra sus víctimas desde tiempos inmemoriales, amén de que ha ganado terreno desde que Cuba fue declarada campo de batalla permanente y extensión indefinida de la Guerra Fría. A partir de ahí ponderar una iconografía nacionalista adquirió mucha mayor importancia. Martí, por su indiscutible valor en el proceso de formación (inacabado aún) de la nacionalidad y cultura cubanas, presidió el resto de las banderas…

Lección # 1: la pugna entre la imaginación y los bustos no ha sido resuelta aún; el contexto (¿acaso real maravilloso?) no ha tolerado demasiadas ventajas para la facción de nubes.

Humanizar, acercar

Como un buen dibujante, Ciro le pone colores a esas siluetas grisáceas que nos entrega habitualmente la prensa nacional. Humaniza a los personajes históricos. Esta serie de textos sobre la muerte del Apóstol, no es la excepción. El autor, en su empeño por sentar a Martí a nuestro lado, revisa testimonios de soldados, visita los diarios de campaña: una fuente traslúcida del interior martiano. He aquí un buen ejemplo:

« [El día 19 de mayo de 1895, durante el combate en Dos Ríos] El general en jefe trata de proteger al Delegado. Le ordena: “Hágase usted atrás, Martí, no es ahora este su puesto”.
Detiene Martí un tanto su caballo y Gómez lo pierde de vista, concentrada su atención en el enemigo. Es probable, dice [el historiador cubano, Rolando] Rodríguez que Martí merodeara por el terreno inmediato de la lucha (…) [Hasta que finalmente se lanza contra las tropas ibéricas]»

La insubordinación, impensable quizá en el hombre que organizó y exigió tanta disciplina (personal -en primer término- y a otros), sería el camino que convertiría al Apóstol en Mártir. Ni siquiera su Ángel de la Guardia podría recuperar el cuerpo inerte del infierno que viviría en las próximas horas. Por otro lado, la anécdota no deja de agradecerse: ¡Eureka! ¡Martí desoyó las órdenes de su superior! Sin embargo, (y ahora les parecerá un poco contradictoria mi exposición) cuando Ciro se enfrenta a este personaje (aunque evitando el tono burocrático y manido con que se trata en nuestros medios) no lo hace con toda la «libertad» que en otros temas tratados con anterioridad. Y esta es solo una intuición, quizás una apreciación que no pueda soportar con más argumentos que mi fe de lector asiduo del periodismo Bianchiano.
Sin perder de vista que el texto Cómo murió José Martí se inclina a todas luces hacia el género informativo (llevando a cuestas los tecnicismos que ello implica), el enfoque con que se aborda el momento histórico narrado es un tanto solemne.
Más allá de que la propia temática lo amerite, la solemnidad se respira desde el primer dato que ofrece el autor…

« El primer monumento que se erigió a la memoria de José Martí fue iniciativa de Máximo Gómez en plena guerra por la independencia.»

…hasta las líneas finales del material…

« En cuanto al hecho mismo de la muerte de Martí quedan todavía momentos sin respuesta. Pero (…) los lados oscuros de aquellas horas son mucho menos de lo que algunos quieren todavía hacer ver».

…, de modo que el espíritu «marmóreo», sigue en el subconsciente firmando y poniendo cuños en la manera de hacer, incluso, de los más atrevidos. Bianchi parece tomar los cabestros de esa misma ceremonia.
No obstante, repito, es solo una intuición.
En la sala de su casa en Santa Amalia, conversamos sobre el periodismo histórico cubano. Meciéndose en su comadrita, rodeado de fotos, caricaturas y hasta de una vieja máquina de escribir, Ciro me confiesa que en su opinión el periodista puede también contarse como historiador.
Sobre los espacios en que se hace el periodismo de ese tipo no cree que sean muchos. «O quizá son varios pero chiquiticos -apunta-. El caso es que deberían ampliarse». La comadrita cruje lentamente bajo el peso de mi entrevistado.

Argumentar la herejía (observación # 2)

Como bien ha señalado el investigador cubano Darío Machado el texto es una expresión indisoluble del contexto en el que ha nacido. «El significado de lo que se dice, lo que ha sido expresado, por ejemplo, con sarcasmo o con ironía, solo puede ser descifrado a partir del contexto», concluye el estudioso.
Según el profesor y periodista Miguel Ernesto Gómez Masjuan, el propósito fundamental del análisis de contenido es realizar inferencias relativas a la comunicación simbólica o mensaje de los datos. Durante este «pesquisaje» de la «psiquis textual» y corrientes subterráneas de sentido referentes a la figura de Martí en el reportaje que nos ocupa, hemos advertido elementos interesantes.
Entre ellos, que además de un estandarte político, en Cuba Martí representa un paradigma dentro del capital simbólico popular. Y el hecho de que las grandes masas lo asuman como suyo, compromete mucho más la tesitura final de un trabajo sobre el autor de La Edad de Oro.
La presencia martiana en los cubanos de incontables generaciones trasciende lo numismático, lo filatélico, lo propagandístico; básicamente porque desde los años anteriores al triunfo del 59, ya la savia del Maestro estaba incorporada a todos los niveles del sistema de enseñanza pública. Si se enseña bien o mal; si como dice Cintio Vitier, no ha existido una correcta alfabetización martiana, no es ahora nuestro tema de discusión…

Lección # 2: Lo cierto es que el contexto (educacional) ha logrado prender en los habitantes de esta Isla, al menos un respeto, un
sentimiento de pertenencia que trasciende los «usos» políticos del Héroe Nacional.

Hacer el cuento

Para relatar los sucesos el periodista no apila datos; nos hace el cuento.
Don Ciro, como lo llaman en un gustado programa televisivo de Canal Habana, narra con lujo de detalles el periplo del cadáver martiano desde que es abatido en el campo de batalla, hasta que es enterrado en el Cementerio de Santa Ifigenia por el alto mando español.
Pero la historia, a medida que es contada, se vale de sucesos paralelos, a veces esconde un dato hasta el momento oportuno para revelarlo. Rehace excepcionalmente para nuestra imaginación el contexto bélico finisecular. Y el artículo se convierte en una excelente pieza narrativa.
Bianchi recrea los hechos valiéndose de fuentes fidedignas que constantemente nos hace saber; pero no duda en cuestionarse las distintas versiones que han surgido a raíz de un acontecimiento. Precisamente, tiene en esa contrastación de fuentes, en ese examen con lupa, una de sus fortalezas. Tampoco deja fuera de su recuento los rumores, lo que se dice tras bambalinas, básicamente, porque toda la historia, antes de ser «comprobada» ha sido primero eso: nada más que un murmullo al oído de la gente:

« [El día 19 de mayo de 1895, después de almuerzo] Los ordenanzas tienden las hamacas de los jefes para la siesta, y Martí, se dice aunque parece poco probable, trabaja en la redacción de lo que sería la Constitución de la República en Armas.»

Si bien sabemos por su papelería personal (diarios de campaña, cartas, etc.) que José Martí trabajaba compulsivamente, el periodista no le niega el beneficio a la duda. El Apóstol, un distinguido intelectual, pertenecía más (físicamente al menos) a la lucha ideológica, que a la pólvora. Hacía pocas semanas que se incorporaba a las filas mambisas.
Estaba en plena adaptación al nuevo y complejo contexto. Con estas consideraciones, está más que justificada la acotación Bianchiana. Lo que falte para unir raíles queda a cargo de su respetuosa y concienzuda imaginación:

« [Sobre una columna española que custodiaba el cuerpo del Apóstol] Hace noche la columna en el propio camino y el cadáver de Martí, zafadas las ataduras, es dejado caer junto a un jobo.»

Argumentar la herejía (observación # 3)

A inicios del siglo XX Carlos Loveira publicó la novela Generales y doctores, en la que se narraban las aventuras y desventuras de un joven cubano con ansias independentistas. Pero el autor construye una historia y un personaje desacralizado (muy atrevido, quizá, para la temprana fecha en que fue publicado el volumen). Presenta a un muchacho que ingresa a las filas mambisas con el grado de teniente por su nivel educacional, y que termina la guerra como capitán sin haber disparado un solo tiro.
Lejos de la caracterización maniquea a la que son sometidos los héroes patrios, la graciosa y no menos interesante herejía de Loveira es un magnífico ejemplo de esa «humanización» de la que seguiremos hablando.
Al protagonista de la novela lo acompañan las maldades, los dolores, las dudas y desvelos de cualquier otro mortal.
Hace un tiempo la presidenta argentina Cristina Fernández conversaba con un periodista acerca del mal que hacíamos con los próceres latinoamericanos al «marmoreizarlos». El asunto está, decía Cristina, en que a veces no parece, siquiera, que fueron seres humanos con defectos…

Lección # 3: Las personas se alejan, se desentienden de esos paradigmas al tenerlos como inalcanzables, inigualables.

La fórmula «secreta»

Un ingrediente particulariza la receta periodística de Ciro Bianchi: está presente lo curioso, lo insólito, lo increíble. ¿Sabía usted que al momento de su muerte, Martí llevaba encima quinientos pesos oro americano para la causa independentista? ¿Conocía que ese dinero fue empleado por la tropa vencedora en Dos Ríos para pagar tabacos y bebidas al festejar el triunfo? ¿Que el occiso sólo tenía un testículo, a consecuencia de un tumor sólido por el golpe de un grillete?
Lo real maravilloso de la historia cubana vuelve al rescate de las parrafadas aburridas:

« [Durante el primer entierro de Martí en Santa Ifigenia] El coronel Ximénez de Sandoval preguntó en dos ocasiones si había entre los presentes algún amigo, pariente o conocido de Martí que quisiese despedir el duelo. Como nadie aceptó la encomienda, el militar español asumió la tarea. Fue breve. Suplicó a los presentes que no viesen en Martí al enemigo, sino al cadáver “del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles”».

¡Sorprendente! El propio Sandoval, quien horas antes comandaba la tropa que dio muerte a José Julián despedía tan «gentilmente» a uno de los cabecillas más connotados de la insurrección. ¡Ah!, pero lo interesante no acaba ahí. Asegura Ciro que el comportamiento de Ximénez estaba condicionado por un credo compartido con Martí: la masonería.
La arqueología interior que practiquemos entorno a la figura martiana tendrá quizá más impacto que la recordación insistente de su valor como literato o patriota. Bianchi está al tanto de eso. Y ha sabido darle a sus textos, junto a un vuelo literario, ese matiz llamativo que tanto agradece el público.
¿Por qué? Por la simple razón de que la gente se acercará al conocimiento de quien fuera admirado por Rubén Darío; quien bebió de un enjuagatorio para evitar las burlas hacia un tabacalero emigrado; quien casi muere envenenado por espías españoles tras un discurso en Cayo Hueso…
Primero tal vez extrañados, después interesados, los lectores, oyentes o televidentes sabrán que Martí vivió una aventura constante, llena de peligros, momentos de flaqueza; y en la que no faltaron esas pequeñas victorias que también a nosotros, más de cien años después, nos hacen un tilín mejores.

 

PARTES DE ESTE ENSAYO FUERON PUBLICADAS EN EL SITIO SOY CUBA. http://www.soycuba.cu/noticia/una-herejia-de-nubes-ciro-y-marti

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