EL ÚLTIMO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA (I)

URRUMeses antes del primero de enero, ya las fuerzas revolucionarias habían designado un gobierno provisional. Fidel Castro había expresado abiertamente su decisión de no aspirar a la primera magistratura de la república. Ocuparía ese cargo otro hombre de leyes.

El exmagistrado de la Audiencia de Oriente, Manuel Urrutia Lleó, se había encarado al machadato y al batistato. Nacido con la república, siempre simpatizó con las tendencias liberales, y ganó prestigio al emitir un voto particular por la absolución de varios revolucionarios presos por las acciones revolucionarias del 30 de noviembre.

En 1958 —tras un breve exilio en Estados Unidos—, Urrutia juramentó como presidente de la república al pie de la Sierra Maestra.

Casi medio siglo después de la entrada de Urrutia al Palacio Presidencial, Fidel Castro lo caracterizaría como un individuo que vivía en la Luna de Valencia, un hombre al que se le habían subido los humos para la cabeza, según consta en el libro 100 horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, en el cual Castro sentencia “Lástima que [Urrutia] no hubiera tenido un poco más de modestia, sencillez y sentido común”,

En 1964, Urrutia daría a la imprenta el libro titulado Fidel Castro y compañía: la tiranía comunista en Cuba.

¡Llegó Lleó!

¿Quién fue este hombre casi olvidado por la historia nacional? ¿Qué lo llevó a convertirse en el primer presidente de la etapa revolucionaria?

Si bien sus actitudes fueron valientes y honestas frente a la corrupción de varios gobiernos republicanos, Urrutia no tuvo participación directa en el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista.

No obstante, el Movimiento 26 de Julio lo promueve al cargo porque quería poner en evidencia total que los jefes guerrilleros no estaban luchando por poderes públicos. De esta forma lo ha contado Fidel Castro. Sin embargo, la voz popular afirma que solo ocurría que la juventud del jefe revolucionario le invalidaba para ocupar la presidencia de la nación.

Según narró el dirigente antibatistiano Julio García Oliveras, las fuerzas del Directorio Revolucionario habían entrado en La Habana y tomado el Palacio Presidencial el tercer día de enero. Mas, por una petición del Movimiento 26 de Julio, los jóvenes armados desocuparon el edificio para que Urrutia entrara el 5 de enero como mandatario en funciones.

Oliveras afirma que la propuesta para que Urrutia Lleó encabezara el nuevo gabinete salió del Pacto de Miami, suscrito en los meses finales de la lucha con el objetivo de aunar más fuerzas aún al proceso de liberación.

La experiencia política de Urrutia constituyó también un punto a su favor. Durante casi una década ocupó el puesto de magistrado en la ciudad de Santiago de Cuba (aunque su provincia natal era Las Villas), desde donde se enfrentó al gobierno auténtico de Grau y al dictatorial de Batista.

Amén de que Urrutia fue el primer cabeza del gobierno revolucionario, su gestión es reconocida por muchos como la de un presidente de derecha. En abril de 1961, bajo el mandato de Osvaldo Dorticós, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana. Así Urrutia se convirtió en el último mandatario que gobernó en una Cuba capitalista.

Urru1

La medida desmedida

En los primeros meses del triunfo revolucionario, Urrutia decretó el cierre de los casinos, el sector más lucrativo de la industria turística cubana. Los juegos, controlados en buena parte por nombres estrechamente vinculados al gangsterismo, daban empleo a miles de cubanos. La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar.

Aunque fue Urrutia el primer funcionario del gobierno revolucionario que atacó los juegos de azar, fue la conocida revolucionaria Pastorita Núñez quien quedó en la historia como la verdadera decapitadora. Según el periodista Ciro Bianchi, les daría a los dueños de casinos un golpe maestro al imponerles, para seguir operando, una cuota que no estuvieron dispuestos a pagar. Igualmente, Pastorita, por orden de Castro, asumió la dirección de la Lotería Nacional, pasando a manos del Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas. Hasta 1968 se jugó la lotería en Cuba.

Continúa Ciro Bianchi: “Con la venta de los billetes se construirían apartamentos para ser adjudicados a los sectores menos favorecidos. Ocho mil 500 viviendas se edificaron y [se] entregaron llave en mano en el transcurso de dos años”. Uno de los barrios más extensos construidos con los fondos de la lotería es el que está situado en las inmediaciones del edificio Bohemia, frente a la Avenida de Rancho Boyeros.

A pesar de sus buenas intenciones, Urrutia no supo cómo hacer las cosas. Abiertamente anticomunista, el exmagistrado no congeniaba con el resto de los funcionarios del gobierno provisional. El gabinete ministerial mezclaba funcionarios honestos, antibatistianos, pero que diferían sobre el rumbo que debía tomar el país tras la nueva etapa iniciada, a pesar de que solo una minoría se declaraba socialista.

La insistencia de Urrutia por atacar el comunismo en sus presentaciones públicas le provee enemigos de causa. A mediados de febrero de 1959, Fidel Castro asume el cargo de primer ministro (a pesar de su prestigio, entonces solo fungía como Comandante en Jefe del Ejército Rebelde). Fortalece entonces el Instituto Nacional de Reforma Agraria —que presidía— con la intención de restarle poder al gobierno encabezado por Urrutia y lograr impulsar las leyes revolucionarias que darían cumplimiento al “Programa del Moncada”.

Urru2Una vez en Palacio

El exmagistrado no solo trató de entorpecer las propuestas más radicales del gabinete ministerial, sino que asignó a sus subalternos, en algunas ocasiones, las misiones más desfachatadas. El propio Fidel Castro ha recordado que a un doctor y guerrillero, designado ayudante personal de Urrutia, este lo trataba en calidad de mucamo. Alguna vez se vio al joven rebelde en las tiendas de lujo de La Habana, haciendo compañía a la primera dama durante sus compras. Aquel joven es hoy vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros y Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba: José Ramón Machado Ventura.

Cuenta Ciro Bianchi que mientras la ciudadanía clamaba por un gobierno honesto y austero, Urrutia mantuvo para sí el sueldo devengado por Batista: 12.500 pesos mensuales, y no alteró en un solo centavo el presupuesto que durante la tiranía cubría los gastos del Palacio Presidencial: más de dos millones de pesos al año.

De cualquier manera, ¿cuántos meses permaneció Urrutia en el poder, o sea, cuántos meses cobró? Creo, sinceramente, que no tuvo mucho tiempo para atender esas posibles modificaciones. Aunque quién sabe si tampoco lo deseaba.

En alguna ocasión escuché decir sobre Urrutia lo siguiente: “Fue un hombre que, tuviera las ideas que tuviera, era decente”. No obstante, las opiniones sobre él también adquieren otros matices. El inexperto e incapaz presidente, como lo ha llamado Fidel, disponía de una escolta personal de 23 hombres.

La guardia presidencial, dividida en tres, rotaba los días de trabajo de la siguiente manera: un grupo descansaba, mientras otros dos quedaban en Palacio como guardia y retén. Cada uno de estos grupos contaba con su propio jefe.

Fidel Armando Ramírez Fonseca estuvo al frente del primer cuerpo de escoltas presidenciales tras el triunfo revolucionario. Su hoja de servicios al Movimiento 26 de Julio contra la dictadura era extensa. En los primeros días de enero del 59 envió un recado a su amigo y compañero de lucha, Pedro José. Mediante la madre de Pedro, le instaba a unirse a la escolta personal del presidente de la república.

Bibliografía:
Angulo, W. (2008) Solo soy un sobreviviente. Revista Temas. Octubre-diciembre, p. 4-15.
Báez, L. (2009) Así es Fidel. La Habana. Editorial Abril.
Betto, F. (1985) Fidel y la religión. La Habana. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.
Ramonet, I. (2006) Cien horas con Fidel. La Habana. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.
Bianchi, C. (2009) Uno, caballo; dos, mariposa… Diario Juventud Rebelde. Noviembre, p. 12.
Bianchi, C. (2011) Contar a Cuba, una historia diferente. La Habana. Editorial Capitán San Luis.
Sarusky, J. (2010) Conversaciones, confidencias. La Habana. Editorial Letras Cubanas.

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