HOMENAJE AL CAIMÁN

Caimán.jpg

En el Caimán Barbudo me creí en verdad poeta. Uno le escribe a la novia, a sus miedos, a sí mismo; pero ver impreso en blanco y negro tu nombre desconocido es para el autor una marca muy íntima, vital.

Esa alegría puede, incluso, aislarte de la realidad por unos momentos.

Con el poco dinero que cobré por el poema le compré a mi otra madre, mi abuela, unos jugos. Encamada en un hospital que fue casa familiar en sus últimos días los tomó mientras le leía aquellas líneas. Los ojazos verdes le sonreían.

Quiero creer a veces que el poema en el Caimán fue para ella un minuto fuera de este mundo con sus penas y dolores.

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2 comentarios

  1. Me gustó!! Recordé cuando empezaba en esta mágica carrera del periodismo y mi madre andaba con mi primera publicación debajo del brazo, enseñándola a todos sus amigos

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    1. Gracias, Clau! Es cierto: los padres, amigos, pareja -es decir, la gente que lo quiere bien a uno-,a veces se siente más orgulloso de nuestros éxitos que nosotros mismos…Es un bonito fenómeno ese. Si se ha hablado de la “verguenza ajena”, hay que reconocer que también existe el “orgullo ajeno”. Bsos 😉

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