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La esperanza no es esperanza hasta que se pierde.

Marianne Moore

 

Raúl dice al pueblo -su voz seca y morosa, los más de 80 en el talle, los grados de General aunque lleve traje- que combata las ilegalidades, las pequeñas, las diarias, las necesarias.

Raúl se va en el auto, entre escoltas, a la finca frente al barrio La Coronela, y yo escucho un viejo tema de Black eyed peas. Los guardas en la entrada cierran el portón metálico, rock your body. Afuera yo (sí, yo primero), la música extranjera que me entra en los oídos y el verdadero combate diario de los cubanos.

Si alguien quiere una prueba contundente del maridaje ilegalidad-supervivencia en Cuba, ahí tenemos la repentina subida del precio de los almendrones.

Estos días, por los omniscientes pasillos, en dramáticas reuniones donde nadie dice ni pio, se informó de los recortes de combustible para cada centro laboral. Ergo, los particulares, subieron por cinco y diez pesos las ya costosas tiradas. LQQD: ahora ya sabemos de dónde les llegaban petróleo y gasolina.

-¡Pero ustedes están apretando! –le dijo D, mi amiga, a Mario, el taxista.

-Si el gobierno nos aprieta, nosotros tenemos que apretar al cliente –soltó el gordo sudoroso recitando su salmo.

Entonces D, tempestuosa:

-¿Y yo a quién aprieto, compañero?

Instintivamente miré al cuello mínimo, empapado, de Mario.

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Este país no aguanta otro 1993, otro 1994. Eso lo digo yo, pero no lo digo yo, sino Karina, la vice del periódico Granma. En el más reciente Pleno de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) la muchacha se puso de pie, y levantó algunos ánimos dormidos.

No era noticia un directivo de medios desde que una jefa de redacción del órgano del Partido Comunista había emigrado a Estados Unidos y accedido a hablar ante la prensa norteña sobre el diario rojinegro. Autopsia vía Skype, demasiado fácil.

Las palabras de Karina, comprometidas con cierta ideología han sido martianamente repetidas, descontextualizadas, compartidas desde la comodidad de Facebook, criticadas, reproducidas a izquierda y derecha por la derecha no más.

Y yo pienso en Karina. Si soportó algún regaño, cuántos borradores mentales habrá hecho y deshecho para lograr el equilibrio al que aspiramos, qué ligaduras rompió la noche previa a su intervención, cómo habrá tomado las riendas de su respiración.

Recuerdo a la Karina que no conozco: la muchacha callada de hace un mes en el tribunal de una tesis. Una tesis que le tiraba con todos los hierros del periodismo al periodismo. Y ella callaba, escuchaba. Y yo la creí ligeramente cobarde, como casi siempre pienso -confieso- a los directivos de medios cubanos. Y ahora que la leo en esa transcripción de pólvora, no autorizada, manigüera, me siento tan equivocado, y a la vez tan feliz de haberme equivocado.

Me gusta la gente transparente. Dijo lo que dijo desde una confianza en el gobierno que provoca todo lo que ella condena, pero me gusta porque la siento honesta. Me gusta que sus palabras se hayan transcrito y regado sin su permiso, porque revela a alguien que no es vedette de su valentía.

Me gusta acordarme que existe la vergüenza ajena, y como espejo invertido, el orgullo ajeno.

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Karina Marrón, vicedirectora del periódico Granma

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Ya los apagones comienzan de nuevo. Los truenos de Venezuela se llevan los transformadores de Cuba. Pero el party sigue. Lo mandan en los intrusivos sms de fiestas y conciertos, como la consigna del año.

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Los apagones, tan comunes en los años 90, amenazan con volver al diario de los cubanos

D llegó de Gales hace una semana. Seis meses estudiando en una universidad británica. Seis meses sin el mar. Seis meses sin colas. Seis meses sin hombres metiéndose con ella en la calle.

-Pero en seis meses esto está peor de lo que lo dejé, Yoe.

Dice como si nada en verdad le importara mientras escucha a Chemical Brothers en un club subterráneo y las luces le hienden la cara en tres pedazos de distintos colores.

Los cruceros gringos ahora entran, los hoteles son insuficientes para los curiosos que quieren ver La Habana pre-McDonalds, se establecen más empresas en el puerto de Mariel…no hay un salario en alza, los servicios básicos que llegaron a todas partes con el 59 ahora abandonan lugares intrincados como las lomas pinareñas, los anémicos estantes de las tiendas devuelven grandes bostezos.

¿A dónde van los dólares, los euros, los cuc que ahora nos entran de más? ¿Qué obras sociales convocan ahora los esfuerzos del país? ¿Acaso la textilera de uno de los hijos de Fidel en el mismísimo Punto Cero? ¿Quizá la discoteca de un nieto o hijo de comandante?

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Hace unas semanas anda dando vueltas una carta de jóvenes periodistas villaclareños a la UPEC. Protestan por determinadas presiones sobre aquellos que colaboran con medios extranjeros. A ratos pienso cuán lejos está de acabar la Guerra Fría en los hipotálamos de los decisores.

A José el Estado le retiene un viaje por meses. Fastidia que premien la mediocridad, la obediencia, la conformidad. Eso es un viaje en Cuba: un premio, un castigo, mecanismo coercitivo.

-Cómo crees que te van a dar un corresponsalía por ahí, si tú no eres confiable

Hacía años que no escuchaba esa palabra.

-Escribo lo que hay que escribir.

José escribe lo que pocos, cosas como que enjuiciamos desde los libros de texto a los monopolios, pero que las Fuerzas Armadas controlan el más grande del país: Etecsa. José escribe en algún monte que la gente en Cuba no vive, sino que sobrevive. José posteó de unos pastores presos injustamente, de lo cabrón que es el totalitarismo. José se vio en un sueño entre manojos de heno, él al centro, y los manojos se inclinaban. Sonríe.

-Lo que más pena me daría es que mis hijos, mañana, se avergüencen de lo que su padre no hizo cuando debía.

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En Cuba el modelo de prensa actual es una copia mala del soviético: todos los medios en manos del Estado, anclados al apéndice ideológico del Partico Comunista

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El dinero es terrenal, primitivo, instintivo. El hombre, terrenal, primitivo, instintivo, se acerca a la plata como luciérnaga al bombillo. Los enamorados, los convencidos, los locos, ligeramente elevados por sobre el pavimento, lo buscan sin embeleso.

Nuestros abuelos tuvieron un sueño, y testículos de plomo; la prueba está en el sacrificio. Hay que respetarlos, salvar lo que podamos de la Cuba fuerte, absolutista, fraterna, de-niños-con-todos-sus-dientes que armaron. Tenían la esperanza de cambiar algo.

A nosotros nos han entregado un país de hierro, una casa tapiada. Queremos, necesitamos, abrir las ventanas. La tormenta se ha debilitado, y hay frutas nuevas afuera.

Hoy tenemos muchos sueños, pero pocas esperanzas. Muchas ganas de vivir, pero poco sitio donde vivir. Poca herencia, pero casi toda por reparar. Nacimos a la juventud con la plaga de bares privados, los selfiesticks. D saca el suyo y nos toma una foto que acabará en su perfil.

Si Cuba se hace un selfie…pues Marianne Moore se adelantó cuando no existían drones, Internet, ni cigarros electrónicos: la esperanza no es esperanza hasta que se pierde. En breve, en breve será.

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