Yomil y El Danny: estudio, trabajo, fusil

Estudio, trabajo, fusil/abre que voy a grabar. Eso dicen Yomil y El Danny en un tema surreal estrenado pocos meses atrás, que incluye partes de lo que fuera el himno de la Campaña de Alfabetización de 1961.

YOMIL y EL DANI.jpg

Luego de grabar un tema con el cantautor Amaury Pérez (quien reciente y muy gratuitamente aclaró en la TV nacional que no se ha hecho el cambio de sexo), el dúo se aventuró a tomar préstamos de esta canción emblemática de la Revolución de 1959, que resume el espíritu comunista epocal. Ya ven: a todo lo terrenal, llegado su tiempo, le cae también termitas. Solo que estas llegaron cantando reguetón.

Si alguien cree que los muchachos están interesados en revisitar la historia con swing no hay nada más alejado de la verdad. Estamos frente a un deja vu de autopromoción al que ya nos acostumbraron los interpretes del género, con su respectiva tiradera light contra enemigos invisibles. Ellos son (cito textualmente) la vanguardia del fucking reguetón.

La música cubana ya ha incorporado en sus letras elementos extraídos de dibujos animados: la voz naufragante de David Calzado gritando Ariel, Arieeeel, como Sebastián a la sirenita; Qva Libre y los muñequitos donde los conquistadores explotan al aborigen. Pero pareciera que luego de Alexander Abreu poniéndole timba al himno nacional las vacas se han soltado.

Fuera de eso, la aparente liberalidad del género surgido en Puerto Rico no ha variado tanto en sus letras. Las letras como tiburones cegatos que bordean las orillas conformes con pejes solitarios sin saber llegar al cardumen mar adentro.

A Gente de Zona y Jacob Forever les dieron un norte al Norte (Descemer Bueno, Marc Anthony, Sony Music): con ligeros cambios podían dejar el embalse y nadar hasta al océano. Ya no digas sexo, sino hacer el amor; habla mucho de besos y menos de tubos. Desde entonces los dólares no han dejado de llegar.

Imagino los correos de los productores, los representantes extranjeros con los cubanos, prescripciones médicas firmadas por la industria: evitar el anecdotismo local y destacar temas universales, sin ubicación y por consiguiente con cualquiera, como los celos, la traición, el amor, eso, la idea del amor vende más.

No obstante, en Cuba el yihad reguetoniano exige siempre la mujer muestre su carne, siga siendo un objeto. Es, parece, un principio. De un lado las letras anquilosadas en posibles guiones de pelis porno undreground; pero de otra parte el bit repetitivo abriéndose a sonoridades distintas. El género piensa con los pies, no con la cabeza.

YOMIL y EL DANI (foto del perfil en FB del dúo).jpg

Cada vez el reguetón suena menos a reguetón. Al menos a aquel que sonó tras Felina, al que salió de la pastosa voz de Tego Calde, incluso a ese de Baby Lores en que se acusaba de mal amante al lobo de la Caperucita.

Las fusiones melódicas han pasado por el pop, la electrónica y hasta el dubstep. En un claro intento por internacionalizar sus temas, o quizá engancharse en el éxito de otros, los préstamos han pasado a veces al terreno del plagio.

Vuelvo a Yomil y El Danny porque, veldaderamente papi, plagiaron en grandes ligas. ¿Recuerdan el tema Te paso a buscar/vamo por ahí/ te quiero invitar/todo va por mí? (No recuerdo el nombre y da igual porque, a diferencia de otros géneros, el reguetón en Cuba no tiene títulos memorables, sino apenas estribillos pegajosos). Pues está montado, íntegramente, sobre la pista de Young, wild and free, del norteamericano Snoop Dogg.

Y yo me pregunto, ¿el rapero de Long Beach, campeón olímpico del cannabis, estará al tanto de eso? Va y no le interesa tener 100 mil dólares más o 100 mil dólares menos, pero de que puede demandar puede. ¿La aproximación entre Cuba y Estados Unidos generará acuerdos para proteger los derechos de autor, la propiedad intelectual?

Ya hay un cercano precedente contra los pícaros pilluelos. La casa de Gilbertman, acusado de estafa en tierra gringa y productor de –¡holy crab!- reguetoneros cubanos, fue asaltada por un comando de película. El show policial puso tras las rejas al fraudulento.

Cada vez es más posible, pero aún no imagino a Snoop Dogg, con un porro en la bocasa, tirándose de un helicóptero en algún estudio particular, diciéndole al Danny, a Yomil, en español aporreado: tienen derecho a guardar silencio.

SNOOP DOG fFUMANDO CANNABIS.jpg

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