FABIO TOMÉ: DE LA FANTASÍA A LA REALIDAD

Fabio Tomé trabajó durante cuatro años, literalmente, en un mundo de fantasía. A partir de 2011 fue animador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

Sobre la mesa de dibujante, con un mouse o un lápiz electrónico en la mano, aprendió a modelar como pocos en programas de tercera dimensión.

Tanto asi que integró el staff de animadores del primer largometraje en cubano en esa técnica: Meñique. Avalado por un Coral en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y nominaciones para los premios Goya y otros de primer nivel.

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Fabio Tomé, autorretrato

Luego Fabio hizo lo suyo en varias series para la televisión nacional. Eso, hasta que eligió la fotografía. De un oficio donde creas la realidad, a otro donde registras la realidad.

¿Vienes de alguna escuela vinculada a las artes visuales?

En verdad mi formación es autodidacta –contesta con cierto orgullo y cierta verguenza, como si fuera un triunfo llegar a donde se llegue sin mapas y a la vez un atrevimiento-. Me apunté en cursos, leí y vi mucho sobre fotografía, y como fue algo que siempre me apasionó busqué y busqué.

¿Un reto técnico que te pone a pensar?

El manejo de las luces –dice sin dudar.

Un secreto para el caminar de este joven habanero ha sido acercarse y trabajar junto a uno de los nuevos fotógrafos más importantes del momento: Eduado Pérez, Eddos; y a maestros del lente como el conocido “Chino” Arcos, y Jose A. Figueroa.

Con Figueroa al inicio me unía una relación meramente de trabajo –me cuenta Fabio-. Yo hago la maquetación en tercera dimensión de expocisiones en el Estudio Figueroa-Vives, que él maneja junto a su esposa, la curadora Cristina Vives.

El tiempo acercó a Fabio no al Estudio, sino a la familia del mítico fotógrafo, a una relación personal y de admiración que lo ha marcado.

Trabajar con Figueroa es la principal fente de inspiración para mi carrera –acepta el joven treintañero.

Desde su asiento en el barrio habanero de El Vedado ha maquetado exposiciones que se celebran del otro lado del Atlántico, por ejemplo, en España.

He aprendido mucho –me asegura-, sobre todo desde el punto de vista de cómo se organiza, se gestiona, se construye un producto final como es la exposición.

Ahora el sueño de Fabio es montar la suya, propia, personal.

Su inicio en el mundo de las galerías fue con Abertura, que estuvo un largo tiempo en el Centro Cultural Cinematográfico capitalino Fresa y Chocolate. Luego vinieron dos más, entre ellas una  dedicada a las aves tropicales.

Y ahí hay un giro interesante: la foto “callejera”, habitual en la carpeta de producción de Fabio, pasó a meterse seriamente en el mundo de la fotonaturaleza.

Fabio se ha hecho fan del camping, y se ha vinculado en el floreciente movimiento de grupos de excursionismo que resuena hoy en Cuba.

¿Cómo vinculas la fotografía con esa otra pasión?

Me ha venido muy bien, porque la variedad de sitios que uno visita, propone también una gran variedad de posibilidades creativas –me asegura. Uno puede hacer un buen paisaje, un buen retrato. Ha sido muy gratificante porque, además, quienes participan de las acampadas son personas con las que comparto inquietudes artísticas, y eso te enriquece, y es una oportunidad para seguir aprendiendo.

 

ENTREVISTA PUBLICADA ORIGINALMENTE EN LA REVISTA CUBAPLUS

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