Pornovenganza en Cuba: la intimidad como daga

A la luz de la pantalla el rostro de Ailín Valenzuela parece el de un fantasma abatido. La amiga que la acompaña a la zona wifi pregunta qué le ocurre. Ailín le pasa el móvil con el último chat de Facebook.

Alexander: ¿Recuerdas esto?

Seis fotos y una que carga muestran los senos, los muslos, el sexo de Ailín.

Ailín: Bórralas!!! No tienes ningún derecho! Ya tú y yo terminamos

Aunque tres meses atrás la relación acababa, Alexander insistía en rehacerla. Primero con romántica insistencia. Luego mandando a amigos intercesores. Las últimas semanas cruzó la línea policiaca. Ailín sintió, para luego comprobar, que era vigilada desde un auto de alquiler.

Alexander: La única manera en que estas fotos no van a hacerse públicas es si vuelves conmigo. Tienes dos días para pensarlo

Ella comienza a teclear. Desiste. El globo de texto continúa moviéndose.

Alexander: Y si le dices a alguien las publico igual

Ailín: Tú sabes que eso se penaliza? que puedes ir preso!!!

No está segura de lo que escribió, pero el sentido común le dice que tiene que ser. El globo de texto se mueve un rato con pausas antes de postear.

Alexander: Sip

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Si bien la pornovenganza tiene su hábitat natural online, hay quien afirma en Cuba se daba antes que existiera acceso público a la red de redes; básicamente a través de dispositivos de almacenamiento.

La penetración de Internet en el archipiélago es bajísima. La Unión Internacional de Telecomunicaciones lo ubica en el lugar 125 de 166 países. A partir de 2015 el gobierno facilitó a gran número de médicos Internet en las casas; y habilitó más de 125 puntos wifi. Este diciembre la empresa estatal de telecomunicaciones (única en el país) anunció un aumento de zonas conectadas.

pv

Mientras más crezca el acceso crecerá también la sombra del ciberacoso en su sentido más amplio; y lo excepcional se hará cada vez mas común.

Trece años atrás era otro el paisaje. Trece años atrás Yoerki Sánchez ascendió como el miembro más joven a la Comisión permanente sobre niñez, juventud y mujer del parlamento cubano. Ahora es Vicepresidente, y coordina las sesiones semestrales. No recuerda en todo ese tiempo que se tratara específicamente la pornovenganza.

-Por lo tanto, no se ha propuesto nunca una ley contra ese fenómeno. Lo más cercano son los debates sobre la violencia simbólica contra la mujer. Por ejemplo, cómo cierta publicidad las reduce a un objeto sexual. El tema es que tampoco nos han llegado denuncias.

-¿Cómo las víctimas pueden denunciar ante la Comisión que representas?

-Pueden escribir una carta a la Asamblea Nacional del Poder Popular –explica Yoerki-; pero de todos modos, acá nos encargamos de legislar, y cuando hay un caso muy particular se reenvía a la institución pertinente.

-¿Y qué alternativas reales tendrían esas instituciones para castigar al victimario?

-Valiéndose de otras leyes existentes.

El Código Penal, en su artículo 285.1, contempla la amenaza de “divulgar un hecho lesivo para su honor o su prestigio público” como un delito contra la integridad personal. Por el momento casos como el de Ailín pudieran trincarse a esas ramas.

Al día siguiente de la amenaza la amiga propone tomar la justicia por cuenta propia: reunir a un par de vecinos, reventar al chantajista. Pero no está en Cuba, sino en Canadá, país del que es ciudadano hace 15 años.

Del mismo modo en que convocó a la brutalidad pasa a la diplomacia e intercede vía Facebook. Alexander le dice que no quiere hacerlo, pero que Ailín no le deja otra alternativa.

Ailín, mientras tanto, piensa en contarle a la exsuegra, apelar a la solidaridad femenina. Un coscorrón materno es capaz de remover las malas ideas. Pero la mujer no tiene perfil en las redes sociales. En eso la amiga le enseña la respuesta de Alexander:

-¡¿Cómo pretende tener a alguien atado a su lado?! –estalla, y empieza a lamentarse con una risita nerviosa que da miedo-. Ahora cree que tiene el control de mi vida. Parecía tan normal, y en él viven tres locos. Tres por el precio de uno.

PORNOVENGANZA.jpg

La amiga le propone un plan rocambolesco:

-Cásate con él, allá borra las fotos y de paso te vas de acá; así matas dos pájaros de un tiro. ¡Aprovecha, muchacha!

-¡Pero quién te ha dicho que yo quiero irme de Cuba! ¡Y mucho menos que me voy a casar con un enfermo! –se ofende Ailín-. Si antes dejó de gustarme, ahora lo detesto.

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Quiere llorar y no puede. Se dice que no puede. Le queda poco tiempo de conectividad, y no tiene más dinero. Es cara la hora acá. Necesita saber de dónde puede asirse. La brújula de los perdidos es quizá Internet. Teclea. Da Enter.

En entrevista con la agencia IPS Yarina Amoroso, al frente de la Sociedad de Derecho e Informática, propuso acorralar desde disposiciones civiles, penales, administrativas y laborales a los victimarios. En una reciente intervención académica, la especialista Zahira Ojeda amplió el campo de operación de la ley que falta: la protección de datos. Una legislación como esa pondría a Cuba a la cabeza del hemisferio. Hace poco el Senado argentino estipuló penalizaciones de 6 meses a cuatro años de prisión para quien difunda, sin consentimiento de los implicados y mediante cualquier vía, “imágenes de desnudez total o parcial y/o videos de contenido sexual o erótico de una o más personas”. La ley se hará cumplir, incluso, si al tomarlas hubiera existido consenso. Desde 2015 Canadá sumó medidas similares un tanto más severas a su Código Penal.

Pero Ailín no vive tan al norte como para cobijare bajo una ley ajena. Piensa en Alexander, en cómo verá la nieve sintiéndose poderoso. Acá ni llueve, pero a Ailín se le ha mojado la pantalla del móvil, y el login de Internet le pide que recargue. Hoy está nevando muy dentro de ella.

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A inicios de septiembre la italiana Tiziana Cantone se suicidó después que se difundiera un video en el que tenía sexo con otra persona. Sus 31 años tuvieron que colgar del cuello para que la sociedad mirara otra vez a la pornovenganza, y Ailín, sin tiempo para escribir cartas al parlamento, no quiere acabar así.

En opinión del psicólogo Manuel Gutiérrez, esta manifestación de la violencia de género tiene como consecuencia frecuente la depresión crónica. Entre el chantaje y la inexistencia de mecanismos para detener las publicaciones las víctimas se sienten desprotegidas.

Una legislación débil y desactualizada puede generar estados de impunidad. Lo novedoso del fenómeno en un país habituado a vivir offline no puede inmovilizar a quienes disponen del orden. Para Ailín y otras Ailín, sería sabio detener ahora el goteo antes que luego el río.

Pasadas dos noches sin dormir, dos mediodías sin almorzar, va al parque más cercano. Abre Facebook.

Alexander: Estás??? Por fin, qué vas a hacer?

Y ella, en La Habana, preguntándose lo mismo.

 

 

PUBLICADO ORIGINALMENTE POR EL DIARIO EL ESPAñOL

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