De la luz a la palabra

Por: MARIANA MONTENEGRO

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El libro Pasajes de la Luz, sobre la actualidad de la comunidad evangelica cubana, vio la luz en 2012 y fue reeditado este 2016

 

La eternidad de una palabra se escribe con la convicción de lo que se cree. Se convierte en un dibujo del pensamiento y a la vez en la esperanza de quien la crea, un deseo figurado, un anhelo por comunicarnos que persigue tocar a las puertas del ideario popular, entrar y ser acogido.

Una palabra, sólo una (si bien concebida); para el escritor es un tesoro, para el lector un mundo de significados, propuesta para la reflexión y por qué no puede hasta ser la palabra que le provoque un cambio.

Tomo en mis manos un libro, que por demás fue el regalo de un buen amigo, y experimento una sensación de inquietud y curiosidad. Sé que su autor escribe bien. Así decimos con un tono desenfadado en conversaciones más íntimas. Pero los antecedentes son insuficientes y cada creación, por novísima y exclusiva que resulte, dispone de un reto a la crítica, nace con el derecho de fundar aplausos o borrar de un tirón todo lo alcanzado. Parece un camino arriesgado, pero así es la profesión del comunicador, específicamente del escritor.

Pasajes de la Luz es un libro para disfrutar, es un libro de estaciones. Así como la temperatura varía en verano y en invierno, o cuando la nostalgia invade el otoño y la alegría completa la primavera, el salto de un texto a otro provoca una sensación similar. Diría que por las veces que intercalé la seriedad de un ensayo con las risas en “Un dime que te diré” pareciera que cada artículo llevaba su color, su ritmo, su gracia. Al final el mensaje es el mismo.

Si en algo no estoy de acuerdo es que califican al libro de raro. ¿Raro? ¿Qué tiene de raro este libro?, me cuestionaba. En la más sencilla de las respuestas diría que es un libro y punto; pero en lo complejo se trata de un libro muy intencionado. Esa rareza, calificativo aumentado, no es más que una cortina de modestia de su autor. Debo enunciar que estamos disfrutando de una estética auténtica y profunda.

La creatividad y la soltura literaria para dirigir la lectura de un tema como el movimiento cristiano en Cuba sin la morosidad que ataca a un gran número de textos históricos se convierte en una solución atractiva. Muy a lo Yoe.

Un repaso por títulos como “Existimos: el movimiento cristiano en Cuba”, “Para detenerse y rascarse la cabeza” y “Pensar nuestra literatura” dan fe de una investigación aguda que pone en tela de juicio la capacidad (y la necesidad) de la comunidad evangélica para informarse y aprehender de su propia historia.

Sin dudas, este es un libro guerrero frente a las circunstancias titánicas de edición y creación, donde cada palabra por separado tributa a su concreción.

Matanzas, febrero de 2014

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