La “venganza” de César Brown contra el Servicio Militar

En la beca lo vivió. Julio César Martínez Brown no era aún César Brown, ni rallaba la guitarra en las peñas de Ciego de Ávila. De hecho, hubo un pincel en sus manos huesudas en la Escuela para Instructores de Arte. Ahí, lleno de pintura, fue que lo vivió:

-La arrogancia, el maltrato verbal y el abuso de autoridad es algo que odiaba desde las becas. Me disgustaba chocar con el día a día teniendo que ver aquello y, además, sufrirlo.

Un día agarró lápiz y libreta y se puso a componer en Venezuela, su casa, al sur, pero no tanto: en el municipio de Ciégo de Ávila. Escribía, afinaba la guitarra con una furia acopiada por meses. Necesitaba hacer una canción de desahogo. Había llegado de el verde, como conocen en Cuba al Servicio Militar Obligatorio (SMO), actualmente Servicio Militar Activo.

-De algún modo –cuenta medio risueño-, la hice por lo que estábamos pasando muchos de mi generación, soportando el SMO.

Se alborota el pelo, hecho rulos, venganza contra el año de andar al rape.

-Me salió el rebelde que llevo dentro, y tomé mi mejor arma: la música.

 

En aquel momento, como el género que lo atrapaba era el rap, el tema nació mestizo. Ahora, en los festivales Piña Colada y Trovándote, en el Mejunje de Santa Clara o en su espacio Peña Nuestra, le mete a la conga, al son, la canción, el bolero. Pero la fusión lograda en el tema SMO es muy original:

Me levanto temprano. Digo, ¡me levantan temprano!/Jalándome por la mano un fulano que duerme encima./Porque entró el teniente con su sangre caliente como siempre gritando:/¡De pie!, que hay gimnasia matutina.

Mientras César Brown agita la cabeza rasgando las cuerdas en el boulevard avileño, a cada quien le viene a la memoria su pedazo de Servicio Militar. De hecho, casi todos los varones cubanos de 1963 hasta hoy pueden recordarse en madrugadas de trote, armando y desarmando el fusil AK, rastrillando otra vez en las prácticas de tiro, quizá el único momento en que dispararon un arma.

El trovador, por su parte, recuerda la flaquencia de sus compañeros primero chistando como sartén con huevos, luego subiendo y bajando con cara de fastidio a la orden del teniente.

-¡Uno, abajo! ¡Dos, arriba!

César pudo sentir el aliento matinal del militar:

-¡Negro, baja!

En ese momento advirtió que su compañía era toda de blancos.

-Es que, tengo la pierna entumía –y trató de avanzar un poco arrastrando la extremidad.

-¡Esa no es justificación!

Por dentro, César se veía con un guinche cargado apuntando al oficial. Se dijo:

-Este cabrón me echó a perder el día.

La mirada que devolvió tiene unas líneas en su canción, y en verdad, parece cosa de adolescente cabreado por el sueño interrumpido.

-Ven acá, negrito, ¡párate en firme!…Dime, ¡¿tú eres guapo?!

El piñazo de César se encasquilló. Empezó a pensar en su novia, en Venezuela. No hubo pelea ese día en la barraca, ni lo llevaron preso. El amor, literalmente, puede salvar de la cárcel.

A la hora del coro el cantor invita al público para que lo acompañe:

Es por eso que,/estoy agradecido,/de vivir contigo, de ser algo más que amigos/ De tenerte aquí,

dentro de mi pensamiento./ En los buenos y en los malos momentos.

 

Descubrió que quería hacer música cuando lo convencieron de que podía cantar: de niño lo llevaban a los actos culturales del pueblo, y él, de buena gana iba, sintiéndose estrella mundial. Con 12 o 13 años estuvo en dos grupos de rap, y al terminar la secundaria tenía algunas canciones escritas y la atención de las niñas. Animado por el éxito, en plena adolescencia, se fijó en la guitarra.

-Yo andaba tocando todas las canciones con los mismos acordes –se ríe de sí mismo, del que era-. Pero poco a poco le puse empeño a las cosas que quería decir.

Llegado el SMO ya tenía las habilidades y el enojo juvenil para narrar sobre los mosquitos como mambises, ver el tiempo que no rueda, los arrastres en la hierba y el lodo, las cuclillas, el salto al pecho, los recargos de servicio injustificados. Te mandan a chapear hasta por tirarte un peo, canta.

Las chabacanerías que César mismo reconoce en SMO, son balas de frustración ante lo que consideraba una pérdida de tiempo. Aun así, su repertorio no se reduce a eso. Incluye también versos musicalizados de Nicolás Guillen.

-Veo la música como un modo de expresión para causar efectos en el público. Y si la gente paga por ello pues bienvenido sea, pero primero tengo que crear por necesidad espiritual y no económica.

En verdad, se nota que César hace lo que hace por amor. Sus presentaciones, aunque muchas, no le reportan grandes ganancias monetarias. Mayormente están auspiciadas por las arcas enjutas de entidades juveniles, donde las cosas son tan duras y bellas como irse en una Cruzada artística a las montañas. Se percibe en él, hablando, la obstinación de los apasionados.

-Soy lo que quiero ser: un trovador.

El trovador estudia en la Universidad Máximo Gómez Baez la licenciatura pedagógica, y, cuando visitan la ciudad, aprovecha cantar junto a Frank Delgado, Toni Ávila y Polito Ibáñez.

-Pero mi mayor interés ahora es grabar el primer disco. Ya tengo casi lista la maqueta.

-¿Y vas a incluir el tema SMO?

Las miradas dan respuestas socarronas:

-El disco se va a llamar: Lo bueno de lo malo.

 

PUBLICADO EN EL TOQUE

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: